Danita Baber
Prof. Bayona
Sept. 29, 2008
Antes de que llegue a Perú, yo escribí en mi aplicación que soy cristiana. Pues, cuando vine a mi casa, mis padres peruanos me preguntaron, “¿Eres católica o evangélica?” En ese momento, estaba pensando, “ninguna, soy bautista…” Yo empecé tratando de explicar mi denominación inútilmente, y terminado encima de preguntar qué religión eran. Después de una pausa ellos contestaron, “católico.” Chispeando mi interés, dije a ellos que deseé siempre visitar una iglesia católica porque son generalmente muy hermosos. Asombrosamente, me dijeron que acompañara a mi hermano más joven a la iglesia, porque él tiene que ir a la iglesia algunos domingos cada mes como requisito de la escuela. Creciendo en una familia cristiana, era extraño imaginar una familia que no fue a la iglesia regularmente y todavía considerado los believers. No soy naïve, sino que asumí simplemente que si una familia no va a la iglesia a menos que sea requerida por su escuela, ellos no cree verdad en su fe; y no puedo comprender porque se relacionan con esa fe.
Ahora me he dado cuenta que la gente ve “la iglesia Católica como elemento importante de la formación historia, cultural y moral del Perú” (Marzal 25). Por eso, ellos quieren decir que son católicos, aunque no lo practiquen. Cuando la religión tiene un papel tan importante en la sociedad como aquí en Perú, no es una sorpresa que muchos eligen demandarla por razones sociales. Quisieran que sus niños fueran a las escuelas católicas, estén confiados a la iglesia católica, y que se casen allí. Aun cuando puede ser que no crean o practicar la fe regularmente, debido a presiones sociales, deben pasar con los movimientos. Esta religión social afecta todas las clases.
En las clases más bajas, su Catholicism es evidente por su idolization de los santos populares. Por ejemplo, en muchos micros, los conductores tienen fotos de Sarita Colonia o Beatita de Humay. Éste es un ejemplo de cómo la gente asocia la religión a sus situaciones personales. Aquí, los conductores del combi, las empleadas los niños de la calle mirarán a los santos como Beatita que vivió en circunstancias que ellos mismos están al corriente de. El peruano de clase baja no ora a estos santos, sino que miran a ellos como intercesores que puedan orar al dios para ellos. El hombre de clase baja busca una experiencia trascendental del dios. Para él, el dios ofrece una salida de la pobreza, depresión, opresión social o cualquier situación él está haciendo frente actualmente. Así, él se aferra en las imágenes de su religión, esperando ganar las recompensas.
El peruano de la clase alta, sin embargo, es aún más un católico cultural. Para la clase alta, los eventos como bautismo de un bebé, el primer comunión, la confirmación, y la unión son muy importantes social. Las reuniones grandes son oportunidades perfectas de volver a conectar con los viejos socios de negocio, de negociar nuevo negocio, o de volver a conectar a familia. También, con abundancia viene la expectativa de esos eventos y de su grandeza. Por lo tanto, para el peruano de la clase alta, no sólo es que todos sus niños se casan, pero él debe estar dentro de la religión católica y en una iglesia católica. Por consiguiente, todos los amigos social católicos de las familias insistirán en la invitación, jugando su papel en sociedad y su religión. Todavía, aunque una familia es agnóstica, se cerciorarán de terminar la lista entera de eventos católicos importantes. Diferente del de clase baja, cuando el Peruvian rico comienza a asociar la religión a su situación personal, él no necesita un intecessor, porque él siente más en control de su propia vida. Siendo exitoso, financieramente independiente, y aceptada social, el peruano de la clase alta no necesita ayuda de su dios. Así, él está más inclinado pasar con los movimientos. Vaya a la iglesia, case dentro de su religión, si quieres, y viva generalmente una vida de la mediocridad religiosa.
Así, cuanto más que me conoce mis padres peruanos, comencé más a entender su forma de vida. Siendo una familia de la clase media, están en el medio de estos dos extremos. Aunque los padres no van a la iglesia, se mandan sus niños a las mejores escuelas católicas, y mi hermano mayor participó en un evento religioso que ocurre en el medio de octubre. En muchos cuartos de la casa hay fotos de santos, y mis padres se consideran muy enterado en el asunto de la religión. Sin embargo, todavía he visto a mis padres ir a la iglesia.
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1 comentario:
Danita, en efecto la nomenclatura religiosa acá es distinta a la norteamericana. Mientras que allá la Iglesia católica es una entre muchas denominaciones, acá es la predominante, de manera tal que cualquier creencia cristiana no-católica termina siendo denominada como "evangélica" (es decir, protestante).
Es interesante la asociación que haces entre la liturgia practicada y las condiciones sociales en que se desenvuelve el liturgiante. Y también la necesidad social del rito católico. Conozco muchos no creyentes (desde el agnóstico más tranquilo hasta el ateo más militante) que sí están dispuestos a tomar juramentos "por Dios", casarse por Iglesia, bautizar a sus hijos y enviarlos a escuelas católicas. Es un fenómeno muy curioso, pero en una sociedad en que las cosas pueden ser y no ser simultáneamente, pueden suceder...
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