domingo, 28 de septiembre de 2008

Mi Experiencia Trabajando en Mundo Libre Hasta Ahora

Cuando yo era joven, ser voluntario regularmente no era algo que hacía la gente que conocía. Aunque mis padres eran buenas personas, y nunca me dijeron que no debería ayudar a la gente siendo voluntaria, nunca hice hice trabajo voluntario. Por eso, cuando estaba aplicando a varias universidades, estaba sorprendida cuando escuché que tanta gente en mi promoción de colegio había hecho mucho trabajo voluntario durante los últimos años antes de aplicar a la universidad. Y aparte de esto, se decía que a las universidades les gustaba mucho que sus candidatos hagan este tipo de trabajo- qué iba a ayudarlos a que los acepten.

Después de pensarlo, pensé que probablemente se siente bien ayudar a la gente, y decidí que quería comenzar a dedicarle algún tiempo cada semana para ayudar a la gente en una organización, etc. Aunque por los dos primeros años de la universidad, no hice trabajo voluntario, comencé por fin el último semestre en mi universidad, ayudando un profesor brasilero con el Inglés. Antes de venir al Perú, sabía que no había opción si iba a hacer trabajo voluntario: había que hacerlo porque siempre había querido. Después de considerar con cual organización quería trabajar, decidí trabajar con Mundo Libre, una organización que trabaja con niños de la calle. En esa época, yo sabía que iba a ser difícil y que no podía imaginarme las vidas de estos niños. Sin embargo, pensé que podía ayudar de alguna forma y me interesaba ser una influencia positiva en las vidas de niños que, lo más probable, no habían tenido mucho amor/dirección durante su crianza.

Después de haber empezado el semestre en la Católica, me di cuenta de cuanto tiempo iba a estar en clase a la semana, y de cuanta tarea iba a tener, así que decidí dedicarme a hacer trabajo voluntario una vez a la semana, por poco que sea. Con la ayuda de Marion, organizamos que haría un taller de juegos cada semana para divertirnos y también para hacer una cosa que uniría las chicas de la casa por el trabajo de equipo que requeriría los juegos.

Hasta el momento, he ido dos veces a Mundo Libre para hacer mi taller de juegos, o “El Taller de Competencia” (lo que Mundo Libre lo llamo para generar más entusiasmo entre las chicas). Después de haber ido las dos veces, he salido sorprendida por cuan difícil ha sido cada vez manejar y jugar estos juegos más o menos sencillos con las niñas. Estas experiencias me han hecho darme cuenta de muchas cosas que incluyen la importancia de una buena crianza para un niño, y también cómo la crianza de una persona puede establecer una muy buena o muy mala vida para esa persona.

Como pensaba John Locke, cuando nacen los humanos, en muchos respectos sparecen hojas de papel vacías: las ideas van a ser imprimadas según el medio ambiente de esa persona y que entra esa persona por todos sus sentidos. De modo sorprendente, se dice que para la edad de siete años, una persona ya es quién va a ser por el resto de su vida- ya se han establecido la personalidad, los gustos, los disgustos, etc. de esa persona. Por lo tanto, todo el tiempo que se piensa que uno no puede entender nada ni saber nada mientras es muy joven (un bebé y un niñito), esa persona está asimilando realmente todo, y se está formando a si mismo sin darse cuenta.

Por eso, ¡la crianza de un niño es más importante de lo que gente cree! Es una gran lástima que aunque no tengan ninguna culpa estos niños nazcan en medio ambientes menos favorables en los cuales muchos ya han comenzado a hacer drogas para una edad tan joven, o muchas chicas (niñas) ya han comenzado a meterse en la prostitución. Además, me parece que a estos niños les falta un entendimiento de la obediencia y en qué consiste buen comportamiento aceptable. Otra vez, no es su responsabilidad entender ni saber cómo crecer sin problemas; es la responsabilidad de sus padres. Pero ese es el gran problema… si ni siquiera los padres entienden qué constituye una buena crianza, ¿cómo pueden salir bien sus hijos? Pues, el ciclo corrupto se repite sin saber cómo pararlo.

Sé bien que toda la gente tiene problemas- nadie es perfecto, etc. Pero lo que diferencia más a estos niños es una falta de un entendimiento básico de cómo se debería actuar en situaciones diarias y simples. Se puede ver bien esta diferencia aun en cosas simples, como mis talleres de juegos. Muchas veces no entiendo cómo puede ser que tengo que parar tantas veces el juego porque algunas niñas han comenzado a gritarse y aun a veces a amenazarse. O cuando, al final cuando reparto caramelos a las niñas que ganaron, hay siempre algunas que se quedan para seguir pidiéndome más caramelos sin fin- por minutos y minutos- y que aun me dicen en secreto que puedo darles más sin que sepan las otras chicas- que pueden esconderlos en sus casacas mientras me señalan discretamente en que lugar pueden ponerlos. El comportamiento de estos ejemplos y muchos más me parece un poco más anormal que usual, y lo atribuyo a una crianza que falta mucho de lo necesario para crecer bien.

Aunque he señalado qué tan difícil puede ser trabajar con estas niñas, al mismo tiempo nunca me rendiría trabajando con ellas. Son así cómo se dice en inglés por “the roll of the dice”, y aquellos que nacen en situaciones más afortunadas deberían ayudar como pueden para asegurar que eso no necesita continuar más que ya pasa, y que más niños no tienen que nacer en situaciones similares.

1 comentario:

McSutton dijo...

Complicada situación la que nos cuentas, Shannon. ¿Es adecuado el comportamiento de las niñas? En efecto, en la cultura peruana en general, diría yo en todos los estratos, el respeto a las reglas es muy "flexible", ya que tradicionalmente han sido vistas más como una herramienta más de lucha con el contrincante (como dijo un presidente peruano: "Para mis amigos, todo; para mis enemigos, la ley.") que como un sistema de regulación neutra y justa. Y es verdad que algo de razón no les falta.

Entonces, a falta de confianza en las reglas, la resolución de conflictos pasa a ser meramente una lucha de voluntades, en que los gritos y amenazas son legítimos, así como el arreglo "bajo la mesa" (los caramelos ilícitos que te piden). En efecto el problema es cómo pasar a un modelo más "cívico" de resolución de conflictos, cuando el sistema más bien castiga con la indiferencia a quienes actúan "bajo las reglas" y premia a quienes reclamana y amenazan? ¿Y cómo hacer un sistema de reglas que se respeten cuando la gente está ya educada para no respetarlas del todo?