lunes, 27 de octubre de 2008

Organización Peruana

Por mi tiempo acá en Perú he visto mucha informalidad. No hay tantas regulaciones ni reglas. Por ejemplo, se puede tomar bebidas alcohólicas en la calle, fumar en restaurantes, y a veces, orinar en público. He visto a todo. Pero, lo más obvio de la informalidad en Perú es en los eventos públicos.

Anoche fue a un evento de artes marciales en el estadio nacional con mis amigos para ver una de las peleas de Muay Thai. Uno de los peleadores entrena en mi gimnasio. Pero, la organización, o falta de organización, fue increíble. Las peleas debían empezar a las ocho en la noche. Pero, por nuestra experiencia con la hora peruana demostrado en el ultimo evento, nos encontramos en el estadio a las ocho y media. Yo estaba sorprendido ver mucha gente a fuera del estadio esperando para permiso entrar. Nadie ha entrado, y ya la hora era ocho y media. Entonces, esperábamos con la otra gente por algunos minutos antes de ingresamos. Pero, todavía las peleas no empezaron. Entonces esperamos más al dentro del estadio. Pasó una hora de esperando cuando finalmente empezó el primer pelea.

Las primera tres eran de sumisión, entonces eran muy aburridos. Pero, las peleas no eran las cosas mas aburridas. Entre de cada pelea, había en descanso de veinte minutos. No sabía, y todavía no sé, la razón para los descansos, pero fueron los peores. Estaba enojado por estar sentado después de la primera pelea de sumisión, y todavía había dos más de sumisión antes de los peleas de Muay Thai. Cuando empezó las peleas de Muay Thai, no podía sentir mis piernas, y los descansos entre de cada pelea no me ayudaban.

Había ocho peleas diferentes en total. Peleas de artes marciales no son largas, no duran por mucho tiempo. Muay Thai, por ejemplo solo es tres “rounds” de 3 minutos. Y los otros tipos son simulares, pero el evento en el estadio nacional, por los descansos, por el empieza tarde, y por la falta de organización, no terminó hasta doce y media. Cuando terminó ya estaba listo para irnos, pero había otra problema de organización. ¡Solo había una salida en el estadio! Entonces estábamos esperando en nuestros asientos para casi veinte minutos después del termino del las peleas para el estadio ser vacío.

Esta esperando fue otro ejemplo de la informalidad y falta de organización del evento y Perú en general. Nadie esperó para otros cuando estaban vaciando. Hubimos mirado peleas de “vale todo” y luego, parecía como la gente estaban peleando en la misma forma para salir el estadio. En serio, que impaciente y grosero eran la gente. Entonces, mis amigos y yo estábamos los últimos que salieron el estadio. Luego, tuvimos que caminar para otra calle para encontrar un taxi para regresar a Miraflores. Pero, parece que toda la gente del estadio estaba en la misma calle tratando hacer la misma que nosotros. Entonces había más peleas de vale todo para los taxis.

Lo peor parte de mi noche, sin duda, ocurrió más tarde cuando tomé un taxi de la casa de Meghan en Miraflores a mi casa en Jesús María. Pero primero, quiero hablar sobre una cosa muy informal: las taxis en general. No hay un precio fijo. En los estados unidos la tarifa entre dos lugares no depende en el humor de la taxista, ni el pasajero, pero es un precio de la empresa que ni la taxista, ni el pasajero pueden cambiar.

Cuando había encontrado a un taxi para un precio justo, fue un tico (un taxi muy pequeño y que parece que es construido de plástico). Estábamos manejando en el tico para Jesús María por la Vía Expresa cuando el taxi empezó a andar escaso de combustible. Primero había sonidos del motor. Luego todo el taxi empezó a temblar y reducir la velocidad. Finalmente, el taxi paró en el lado de la Vía Expresa casi sesenta metros de una rampa de salida. En los Estados Unidos, las taxis tienen suficiente combustible para ir donde tienen que ir, y si no tienen suficiente, no suban pasajeros. Aquí en Perú, me parece diferente y menos organizado.

El taxista, un hombre muy flaco, me dijo que debía empujar el taxi a una estación de petróleo, y por suerte había una cerca. Entonces, con un humor poco enojado, bajé el taxi y empecé a empujar el taxi, mientras estaba llevando sandalias. Los primero sesenta metros pasaron fácilmente, pero la rampa fue más difícil, y el taxista no me ayudó empujar su propio taxi.

Finalmente, después de todo el drama de la noche, regresé a mi casa a las tres por la mañana, y el taxista todavía me cargó diez soles. No recibí una descuenta para empujar su taxi a fuera del Vía Expresa. Pero, no estaba enojado. Pienso que con la informalidad y desorganización en el Perú, es mejor reírse que enojarse.

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