lunes, 27 de octubre de 2008

¨Political correctness¨ y el racismo

En este blog, quiero hablar de un punta de diferencia entre las culturas de los EEUU y el Perú que me fascina: la definición que cada una atribuye al “political correctness.” Hace un par de semanas estaba trabajando en una presentación grupal con unos compañeros de mi clase de antropología. El grupo consistía de una muchacha que llamaremos María, dos muchachos que llamaremos Juan y José y yo. Juan y José son un par de chicos muy graciosos y muy buenos amigos. Ambos son de clase social, digamos, más o menos alta y educada. Juan es, de apariencia física, blanco con pelo oscuro; José es negro. Lo que a la vez me fascinaba y asombraba de su amistad es que ni una vez escuché a Juan llamar a su amigo como “José,” sino siempre como “negro.” Con menos frecuencia escuchaba varias veces entre los tres (Juan, José, y María) la denominación de “cholo.” Llamaban a otros amigo, aún directamente, “cholo,” “negro,” “chino,” y a uno “gordo.”

Aunque ya sabía que el nivel de sensitividad a las palabras que llaman atención a los aspectos físicos, sobre todo raciales, es radicalmente diferente en el Perú que en los Estados Unidos, nunca había escuchado de primera mano esas palabras usadas con tanta casualidad. Me quedé media divertida y media horrorizada. Les conté de qué raro era para mí escuchar tal conversación acostumbrada como soy a mis propias normas culturales. ¿Cómo es que algo puede ser tan tabú en el continente americano del norte y tan inocuo en su hermano al sur? Mis amigos reían de mis preocupaciones y me explicaron lo que ya otros me habían dicho: que así entre amigos peruanos no hay nada socialmente ofensivo denominarse en términos raciales.

Una vez expliqué a otro amigo peruano en una situación similar como el nivel del “political correctness” acerca de este asunto llega a veces casi a lo ridículo. Estaba también con otra norteamericana y era bien gracioso cuánto entendía todo lo que dije. “Si yo estoy con un compañero,” dije a mi amigo, “y quiero destacar a otra persona parándose en un grupo a una distancia (por cualquier razón), voy a evitar a cualquier costo describirla en términos raciales. Aunque sea la única persona, digamos, afro-americana en el grupo y sea difícil distinguirla de otras características, y aunque yo lo sepa igual como mi compañero, ni yo ni él vamos a reconocer verbalmente esta distinción racial.” Mi amigo peruano me miraba asombrado. A él le parecía una locura la aversión tan exagerada al lenguaje racial. Viéndolo de su punto de vista, también me parecía algo de una tontería. ¿Por qué existe esta aversión y por qué es tan radicalmente ausente en la cultura peruana? Ambas culturas tienen problemas raciales; ambas tienen una historia de conflicto racial--¿cuál es la diferencia entre las dos que produce normas tan distintas?

No sé si puedo atrever a responder a tal cuestión, pero de todas maneras me atrae. Miro y escucho a mis amigos peruanos llamándose entre sí “cholo,” “chino” y “negro” con la fascinación de un conductor pasando por un accidente en su carro, esperando que alguien se va a molestar y van a terminar golpeándose. Siento como una niña mirando mientras sus amigos usan las lisuras más sucias, parada entre fascinación y temor. Lo extraño de la situación es que yo soy la única persona que siente incómoda; para los demás es completamente intrascendente lo que sucede.

¿Qué podemos decir de este asunto? La sociedad de los Estados Unidos seguramente ha adoptado un discurso fuerte y penetrante de la manera en que sí podemos o no podemos hablar de lo racial y lo étnico. Reaccionando contra el racismo tan patente que llegó a su clímax alrededor de los años sesenta, estamos tirándonos por el otro lado. Dentro de este discurso, tenemos tanto miedo--no se lo puede llamar otra cosa—de parecer racistas que hacemos todo lo posible para evitar el sujeto de la raza. Quizás para nosotros parece bastante ofensivo la fluidez y casualidad con que se distinguen racialmente los peruanos pero me pregunto si es más ayudante y sano para la sociedad norteamericana nuestro sistema. ¿Estamos borrando el problema de la raza por ignorarlo? No puede ser. Es demasiado evidente que los Estados Unidos ya tienen sus problemas raciales, aunque se vean distintos de las décadas antes. ¿Podemos resolver un problema que no reconocemos? No creo. No tengo la respuesta, solo quiero decir que de repente podemos como estadounidenses aprender algo de los peruanos en respecto a este asunto. Me gustaría saber sus ideas; por favor compártanlas.

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